Hace mucho que no pasaba por aquí, hace mucho que no comentaba nada sobre mi vida...hace mucho que no hacía cosas que nunca pensé volver a "hacer"...una de ellas, pisar nuevamente ese lugar.
Hace mucho que no iba por allí, un año para ser exacta, sabía que en algún momento de mi vida tendría que volver a pisarlo y para ser honesta esa idea me atormentaba y asustaba mi existencia. No sólo por el hecho de todo lo que pasé en esa casa de paredes perla y habitaciones blancas con cortinas champán, sino por lo que arrastraría mi presencia bajo ese techo gris; supongo que mi regreso no arrastró todos los fantasmas que creí traería consigo pero...aun así no fue una visita agradable.
Mi tormenta tiene nombre, abreviatura para ser más específica, ABINT. En algún momento de las muchas entradas de este sitio web les hablé sobre este lugar, tal vez lo recuerden tal vez no lo hagan pero la idea universal de esto es que aquella casa no es otra más que un centro de rehabilitación para jóvenes con desórdenes alimenticios, jóvenes como yo...como ustedes mis princesas.
Debido a este estúpido intento que Fernando (mi psicólogo) sigue intentando en mí, accedí a regresar a aquel lugar con la simple idea de una sencilla reunión de grupo. Ya saben ese tipo de terapias grupales donde comentamos lo que hemos vivido en los últimos meses, avances y blablabla las cosas inútiles y aburridas de siempre.
Vi a muchas chicas, algunas nuevas y otras que recordaba perfectamente y me sorprendía que siguieran ahí. No, en realidad no me sorprendía. Como sea, la visita comenzó desde la tarde y sentí como al pisar ese umbral por segunda vez los recuerdos me golpearon como un fuerte relámpago, revolviendo mis pensamientos, revolviendo mi cabeza una vez más. Traté de contenerme, no podía estallar ahí justo en ese instante y ante esos ojos juzgadores que desde la mañana de ese día no paraban de observar cada movimiento que hacía. Pensé que no diría esto pero... agradezco que él estaba ahí conmigo para darme apoyo...Max, en serio agradezco que hayas estado ahí.
"No te veo bien, digo te vez pálida ¿te encuentras bien?" soltó la pregunta que había estado esperando que me hiciera desde que llegamos.
"Si te digo que estoy bien dirás que soy altanera, si te digo que estoy mal lo interpretas como una debilidad psicológica y me vendrás con otro de tus múltiples análisis psiquiátricos" dije algo aburrida y tratando de disimular mi irritación "Así que te diré que estoy normal, al menos creo que con eso no podrás refutarme nada o si?"
"Estás a la defensiva, así es como estás" dijo y salió apenas observó que Max regresaba a la habitación.
Odio cuando me da ese tipo de respuestas.
La sesión pasó lenta, demasiado lenta para mi gusto. Era una escena triste e irónica a la vez, chicas sentadas con miradas perdidas y vacías que trataban de disimular bajo una sonrisa mediocre e historias de "avances" difíciles de creer (para alguien que conoce bien lo que es ser una princesa más) pero que, sin embargo los pseudo psicólogos creían y asentían con determinación a cada palabra que esas pobre chicas dejaban escapar de sus bocas. Realmente triste lo poco que pueden conocernos.
Mi estancia ahí, por esas horas no fue nada agradable. No me trataron como lo hicieron la primera vez que conocí esa cárcel pero lo que veían mis ojos en ese momento no era digno de celebrar o catalogar como algo bello. Estaba a punto de retirarme cuando la vi, vi a ese chica de enormes ojeras y pasos lentos como si flotara sobre una nube de neblina azul y espesa. Me miró y por primera vez en todo el día recibí una sonrisa, una verdadera y no un intento de ella como el que las demás daban a todo el que las observaba. Creí que ya no estaba en este lugar, me entristeció saber que aún seguía ahí.
"Creí que no volvería a verte" me dijo y luego me abrazó "Me alegra mucho verte, aunque espero que estés sólo de visita" yo sólo logré asentir sin mascullar ni una sola palabra, estaba más delgada de lo que recordaba que era.
"¿Acaso te volvió a atacar la misma mutes de aquella vez?" dijo mientras soltaba risitas semi escondidas "¿Debo volver al sacar la pizarrita? Porque aún la tengo"
Reí junto con ella, al parecer ese buen humor característico no la había abandonada, supongo que eso es lo que la mantiene cuerda en este lugar. "No, ahora mi lengua no está extraviada" le dije y ella sonrió.
Conversé un buen rato con esa chica de sonrisa sincera, esa chica que se pude decir fue la única verdadera amiga que pude conocer y se hizo muy importante para mí durante mi estadía en ABINT. Antes de lo inevitable, la despedida, le prometí volver a visitarla y al mismo tiempo le hice prometerme que haría lo posible por dejar ese encierro.
"Eres una chica única ¿sabes?, te conocí sólo por unos meses pero fueron suficientes para darme cuenta que este no es tu estilo de vida, lo que te atormenta no debe unirse al estilo de una princesa"
"Por que crees eso?" le pregunté algo extrañada por su comentario
"Por que lo sé y listo, eres una de nosotras pero yo sé que lo que te atormenta no se debe a A&M sino a aquello que no deseas aceptar" respondió, dejándome más confundida que antes "Aun así, esto demuestra que eres una princesa y que eres mi modelo a seguir" dijo y me entregó una collar con el dije de una corona en él.
Modelo a seguir? es broma? jamás creí poder ser el modelo a seguir de nadie...no sabía que decir
"Estaré bien y trataré de salir, la próxima vez que nos veamos no será aquí eso te lo aseguro" dijo sonriente y se paró para dirigirse a su habitación
"Gracias" fue lo único que logré decir.
Después de eso me retiré de ahí, a seguir mi camino...con las ideas dando una dura batalla en mi mente y una corona que juro jamás perderé.

No hay comentarios:
Publicar un comentario