Hoy es un hermoso frío y oscuro día, el cielo está nublado y las personas parecen estar muertas.
La atmósfera está llena de dolor y sombras, amo los días como hoy.
Aún así, hoy me siento mareada y como siempre mi cabeza duele tanto que la siento explotar en cualquier momento. Mi cuerpo está temblando, mi corazón se agita y siento que colapsaré muy pronto. Amo los días como hoy.
Mi muñecas, abdomen y brazos están llenos de cicatrices sangrantes debido a los cortes que me hice ayer por la noche, los cortes arden y no puedo escribir con facilidad ya que cada movimiento que mis muñecas hagan provocan un fuerte dolor y la sangre vuelve a brotar. Pero no podía prohibirme expresar mis pensamientos en un maravilloso día como el de hoy, porque es un hermoso día lleno de muerte y, para mí, es un día perfecto para cavar mi tumba, un día perfecto para enterrarme, un día perfecto para morir.
Cuando una persona ha tenido un buen día, lo normal es agradecérselo a Dios. Eso es lo que el común denominador de esta triste y patética sociedad haría, es decir que yo quedo total y rotundamente fuera de ello. El problema conmigo es que no creo en Dios en los días buenos, sólo me acuerdo de Dios en los días malos, muy malos, cuando siento que me voy a desmayar, como me pasó el viernes en la universidad, el sábado en casa de mi primo y el domingo en la típica y estúpida reunión familiar de ritual. En esos casos, cuando pienso que me desplomaré en público, o peor aún cuando temo que voy a morir, le pido a Dios que me dé fuerzas para seguir en pie y llegar a mi cama al final del día y poder extraviarme en las brumas de la noche.
Pero hoy ha sido un día diferente y aunque suene ilógico y hasta completamente descabellado me puedo arriesgar a decir que hoy ha sido un día muy feliz; lo ha sido desde que he despertado y lo es ahora mismo pero, por supuesto, no sé cómo será mañana y cuando he tenido un día muy feliz como el que ahora termina presiento que mañana ya no será todo tan propicio como lo ha sido hoy, y entonces me invadirán los temblores, los mareos, la debilidad y la fatiga de arrastrar este cuerpo, estos recuerdos, esta biografía revoltosa, insolente.
No tengo la menor idea de cómo será mañana, solo sé que ahora todo está bien y que es menester agradecérselo a quienes con paciencia y sabiduría diseñaron químicamente las pastillas que, desde anoche en que me rendí y volví a tomarlas, calman mis nervios, afinan mi sensibilidad, disuelven y acallan a los enemigos que se agazapan en mis entrañas y rescatan, a duras penas, lo mejor de mí.
Durante una semana he tratado de ser una persona saludable, he tratado siete días consecutivos de ser una persona sobria, saludable, emancipada de los narcóticos. Dios sabe que lo he intentado y también sabe que he fracasado. Lo intenté con coraje y bravura pero han sido días imposibles, días en los que me encontraba sentada en un lugar y sin embargo, estaba ausente, ida, apaleada, tratando de que mi cabeza no se cayera del cuello.
Pero ahora siento que todo está bien y me veo en la necesidad de agradecérselo a alguien, porque los recuerdos del viernes, el sábado y el domingo aún se encuentran vivos en un rincón muy profundo de mi subconsciente; y me embrujan, destruyen por completo. Recuerdo el dolor, las miradas fulminantes, las críticas hirientes, los reproches ensordecedores y las vocecillas incesables que invadían mi cabeza incitándome a tramar los auto-sabotajes más horribles que en la vida alguien podría imaginar.
Escucho las vocecillas que hacen desaparecer mi sentido común, que extinguen mi razón. En esos momentos, momentos en los que me siento morir, rezo con miedo no a la muerte sino a caerme al suelo en medio de la gente y protagonizar un bochorno, miedo a vomitar y colapsar.
Por ello debo agradecer a mi amado Remerón, a ti mi incondicional Dormonid. Que haría sin mi Ambien, mi Prozac, mi queridísima Mirtazapina, que sería de mi innecesaria y banal existencia sin todas esas pastillas que han restaurado el sosiego que torpemente osé interrumpir por querer ser una persona sana. Yo no soy un ser sano, cuando estoy sana me siento miserable, aporreada, infeliz, y por eso no me conviene estar sana, me conviene drogarme, aceptar que mi cuerpo es demasiado imperfecto.
Desde niña me crié bajo el típico contexto de que las drogas eran malas y la fe la solución primordial. Puede, tal vez, que las drogas en cierta forma sean malas pero aveces hacen bien, sacan lo mejor de ti, te ayudan a encontrar el que de verdad eres en medio de las nieblas y el vértigo.
Por lo tanto, no soy aparentemente un alma, soy un mamífero. No me funcionan las religiones, me funcionan las drogas, esa es mi manera feliz de evadir la realidad. No me busquen en la iglesia, en un templo; búsquenme en una farmacia, en una botica de turno. Y no me den el sermón de que las drogas son todas malas porque algunas son fantásticas y para mí resultan urgentes, imprescindibles.
Entonces, regresando a la idea principal de este escrito, me veo en la grata obligación de dar las gracias. Gracias a los que inventaron esas pastillas que ahora se diluyen en mi cuerpo. No encuentro la manera de expresarles cuanto les debo. Gracias, no posee palabras. Gracias.
El video que muestra esta entrada es sobre un proyecto en el que este joven llamado Elijah trata de mostrar a las personas un punto de vista totalmente diferente sobre los desórdenes alimenticios. Ésta película se basa en historias contadas por personas que sufren de un ED. aquí muestran sus pensamientos, vivencias, sus propios puntos de vista de lo que significa vivir con un desorden alimenticio.
Espero este filme los motive, a mí me dejó más que impactada porque muchas de las cosas que estas jóvenes relatan son pensamientos que más de una vez han pasado por mi cabeza y estoy muy segura que también han pasado por la cabeza de tod@s ustedes. Por favor difundan este video que se encuentra en youtube, sigan a la página en Fcaebook: Invisible Battles; al igual que en Twitter y Tumblr. Apoyemos este grandioso proyecto que de una o otra manera podrá cambiar nuestras vidas así como las vidas de todos aquellos que aún no entienden que significa lidiar día a día con un ED, ayudémoslos a comprender, a comprendernos.
*Para aquellos que tengan problemas con el inglés, aquí les posteo la traducción de todo el video. Comprendan que mi inglés no es perfecto pero he tratado de traducirlo lo mejor posible, si encuentran alguna palabra y/o frase que me haya equivocado o pasado por alto háganme saber ¿si? Gracias! :)
El siguiente video contiene imágenes y contenido que pueden ser
considerados potencialmente dañinos. Se aconseja discreción al espectador.
“Al menos 8 millones de americanos sufren de anorexia o bulimia,
enfermedad con la mortalidad más alta entre las enfermedades mentales.”
“Entre unas 125 mil personas que nos llamaron sufren de un desorden
alimenticio.”
“11 millones de americanos están sufriendo de un desorden alimenticio,
una de las enfermedades mentales más mortales.”
“El 95% de esas personas con un desorden alimenticio se encuentran
entre los 12 y 25 años de edad.”
“La mitad de esas niñas estaban a dieta, lo crean o no.”
“Deben conocer a aquellos que sufren de algún problema alimenticio pero
no se dan cuenta de todos los problemas que trae consigo.”
“20% de las personas con anorexia mueren a una edad precoz.”
Conocemos lo hechos, conocemos las estadísticas, “conocemos” el
problema. Pero, ¿conocemos sus batallas?
Jessica: Imagina esto,
despertar cada mañana y cada persona que ves en la calle este gritándote y
diciéndote todo lo que está mal en ti: tu peso, tu cabello, que estas comiendo,
que no estas comiendo, cualquier cosa. Esa es una pequeña representación de lo
que es tener un desorden alimenticio, pero en vez de ser personas gritándote son
voces en tu cabeza.
Julia: Desearía que las
personas pudieran entender cómo es el vivir con un desorden alimenticio,
desearía que las personas entendieran que se siente despertar cada mañana y
pensar que no soy lo suficientemente buena, no soy amada, no soy aceptada.
Sentir que estoy siendo rechazada por la sociedad.
Catie: Lo peor de tener
un desorden alimenticio es su efecto, no puedo hacer nada sin escucharla, no
puedo vestir algo sin escuchar “te ves muy gorda en eso”, “tus brazos se ven
gigantes”; escucho muchos comentarios negativos en mi cabeza y es desastroso.
Chelsi: Realmente creo
que este documentario es muy, muy beneficioso. Soy una paciente de psicología y
aun así siento no ser entendida. En la escuela todo es: “Oh anorexia es
restricción de alimentos y bulimia es atracones y purgarte” y realmente creo
que muchas personas piensan que no hay algo más profundo en todo y que se basa
de comportamientos, pero no son solo comportamientos como matarte de hambre y
pesar una mínima cantidad y ya eres anoréxica o vomitar y eres bulímica y te
dicen que eso es estúpido y te preguntan por qué lo harías. Así que creo que
este documentario será muy útil para ayudar a entender a las personas el juego
mental retorcido detrás de todo esto porque no es solamente una obsesión.
Sam: Y entras en una autoagresión
diciéndote que no eres lo suficientemente buena, estas gorda, no necesitas
esto, no deberías estar comiendo aquello; cuando en la vida real si lo
necesitas.
Julia: Realmente me
gustaría que las personas pudieran entender que es…que pudieran algo así cómo
entrar en nuestras cabezas, que pudieran entender la mentalidad de una persona
que sufre de un desorden alimenticio, que sienten que deben controlar sus vidas
de esa forma, o estar al otro lado de la situación y buscar apoyo.
Catie: Me gustaría que
entendieran cuan dura esta batalla es, que horrible es despertar en las mañanas
y en lo primero que piensas es “¿qué comeré hoy?”, que puedes y que no puedes
comer, el por qué no puedes comer esto o aquello. Despertar y depender del
número que marque la báscula que te dirá si tendrás o no un buen día.
Jessica: Personalmente
sentía que por lo que estaba pasando no era algo importante, que no estaba lo
suficientemente enferma. Sentía que no merecía la ayuda por el simple hecho de
que no me sentía suficientemente buena, así que no veía el punto en
recuperarme.
Julia: Cada momento que
viví en esta lucha estaba completamente consumida por los pensamientos sobre la
comida, lo que no podía consumir, lo que consumí ese día; era como catalogar
todo en mi mente. Tenía que controlar mi vida, me sentía tan fuera de control
que lo único que sabía que podía controlar era mi peso y cómo lucía pero
incluso eso no era suficiente. No había algo sólido para ese tipo de control y
me dejaba sintiéndome vacía, me dejaba sintiéndome sola. Era como si nadie a mí
alrededor realmente entendía.
Chelsi: Me gustaría que
las personas pudieran entender que es una lucha constante no sólo con la comida
sino con mí propio ser, cómo uso la comida como una forma de vaciar mi cabeza y
sentirme bien conmigo misma como persona.
Catie: Quiero que las
personas se den cuenta que no hacemos estos para recibir atención, nadie quiero
esto y si alguien quiere sentirse así me sentiría terriblemente mal por ellos.
Chelsi: No es que siempre
sea fácil de manejar, existe esta otra parte en mí que siempre escucha esta voz
en mi cabeza que me dice “estas gorda, no comas eso, cuantas calorías hay en
eso, cuanta grasa hay ahí, te pondrás gorda si comes eso” es una voz que crece
constantemente dentro de mi cabeza y me consume cada día.
Julia: Cada vez que trato
de hablar con mi mamá o mi papá o algún amigo sobre esto ellos sólo, tú
sabes…casi siento como si en alguna forma ellos me presionaron a esto para ser
capaz de tener un “autocontrol” o lo que las personas dicen y piensan que es
autocontrol pero en realidad es autodestrucción.
Catie: También he
escuchado a las personas decir comentarios indignantes sobre aquellos con
desórdenes alimenticios, dicen que lo hacemos por atención, para que los demás
nos halaguen.
Chelsi: Muchas personas
con desórdenes alimenticios tienen algún otro tipo de enfermedad psicológica,
no todos, pero muchos de ellos sufren de depresión, alucinaciones, bipolaridad,
autolesión. Tienen estas cosas que las esconden, ya sea no comiendo, dándose
atracones, sobre ejercitándose o cualquiera que sea el comportamiento que
escojan o esa persona puede estar medicándose, pero hay algo profundo oculto
detrás de todo esto. No todos quieren hacerlo un drama pero siempre hay algo
atrapado detrás de alguien que tenga un desorden alimenticio y muchas personas
deben entenderlo y deben entender también la intensidad de la obsesión que
existe en la vida de ésta persona, que no es algo que puedan detener cuando
ellos quieran.
Jessica: Nosotros no
deseamos ser así, no deseamos sentirnos así pero creo que llega un momento en
que nuestra inteligencia nos juega y honestamente nos hace sentir tan
inservibles y repulsivos que es algo que está constantemente en nuestras
cabezas.
Catie: Odio vivir así,
odio tener que contar todo, odio tener que preocuparme constantemente, odio
tener miedo de entrar a mi propia cocina.
Julia: Sé que si le digo
a mi amiga que no debería hacer eso, al día siguiente lo estaré haciendo porque
pensaba que estaba bien y pensaba que era lo que tenía que hacer.
Chelsi: Es horrible
porque estoy constantemente en una batalla en mi mente y es frustrante y
sabes…no es una buena forma de vivir.
Sam: Y es horrible porque
la anorexia o bulimia o cualquier desorden alimenticio son concentrados en uno
mismo, únicamente yo me veo gorda pero nunca veo que otra persona sea gorda,
jamás.
Catie: En muchas
ocasiones han venido personas y me han dicho “Ag! ¿Cómo puedes provocarte el
vómito? Eso es asqueroso”, las personas actúan como si a mí me gustara esto,
cómo si yo quise esto para mi vida pero no es así.
Julia: No hay nada bueno
en esto, no hay nada correcto en esto. Es todo oscuridad, soy yo atrapada.
Chelsi: Realmente creo
que saber qué es lo que piensan, no sólo qué hacen sino por qué lo hacen,
ayudaría mucho a alguien que en algún momento deba tratar con una persona que
sufra un desorden alimenticio.
Catie: Esto es algo malo
y realmente desearía que las personas entendieran lo difícil que es para
nosotros y desearía que las personas dejaran de decir lo que creen que es lo
correcto cuando en realidad están en lo incorrecto.
Jessica: Quiero que las
personas comprendan que si alguien en tu vida está sufriendo de un desorden
alimenticio hay mucho que pueden hacer.
Julia: Y me di cuenta de
lo que hacía, lo destructivo que era y que iba a morir si seguía con esto.
Sam: Deben comprender a
aquella persona que sufre de algún tipo de desorden alimenticio ya que es uno
de los sufrimientos más duros que en la vida alguien podría enfrentar.
Catie: Realmente espero
que la película “Batallas Invisibles” ayude a otras personas a poder darse
cuenta que los desórdenes alimenticios no son opciones, son enfermedades
mentales severas.
Jessica: Porque poseo
personas en mi vida que están dispuestos a pelear por mí y mantenerme viva, es
por eso que hoy estoy aquí.
Julia: Desearía que las
personas pudieran entender, porque si ellas entendieran entonces podríamos
continuar.
Necesitamos conocer sus batallas…
Chelsi: Realmente
desearía que las personas entiendan.
Julia: Desearía que las
personas entendieran.
Catie: Realmente desearía
que las personas entiendan.
Es tiempo de entender.
Elijah: Las personas no
entienden lo que es para nosotros el día a día. Sí, nosotros. Mi nombre es
Elijah y también lucho con un desorden alimenticio y estoy haciendo esta
película que será completamente diferente a cualquier otro tipo de película
sobre desórdenes alimenticios.
Esta película será diferente
porque será hecha desde el punto de vista de aquellos que sufren de desórdenes
alimenticios; contará nuestra parte de la historia, nuestras luchas, nuestras
batallas. Así que para poder lograr que este proyecto se haga realidad me
tomará más de lo que tengo, necesitará finanzas, necesitará personas, necesitará
recursos. Pero no puedo hacerlo por mí mismo, necesito tu ayuda. Creo que esta
película será revolucionaria, cambiará
la vida de las personas con desórdenes alimenticios y al mismo tiempo cambiará
la vida de las personas al rededor del mundo que no saben cómo reaccionar o
responder cuando se enteran que alguien a quien aman sufre de un desorden
alimenticio.
Espero que este video haya sido
una inspiración para que puedan crear su propio documentario revolucionario. Si
quieren más información sobre como participar en este proyecto lean el link que
se encuentra en la parte de abajo y encontraran toda la información que
necesitan. Muchas gracias por ver este video y espero que juntos podamos lograr
que “Batallas Invisibles” se vuelva una
realidad.
Adicta a cuanta pastilla pueda tomar, inquieta y descontenta por estar aquí y con impaciencia o ilusión por estar allá, soy la chica que siempre quiere estar donde no puede estar.
No sé si es mi espíritu o mi memoria o la borrosa identidad de lo que soy. Mis recuerdos se encuentran extraviados en ciudades antiguas, en algún punto suspendido en el aire, a miles de kilómetros lejos de la razón y el sentido común. Esto no me hace una mejor persona, sino que al contrario, me convierte con seguridad en una peor persona y pone en áspero entredicho mi condición de persona a secas.
Así que, como siempre he de encontrar una "solución" a los azares maliciosos del destino y mi distorsionada vida; para mantenerme en pie y cumplir los insanos compromisos de un día a día, estoy de nuevo enganchada a todas las drogas felices, durmiendo a penas un par de horas en un lugar y luego en otro. No es el vicio sino la desesperación.
Pero no hay sorpresa alguna, digo desde hace ya un buen tiempo he necesitado algún narcótico para evadir la realidad y descansar de lo que soy. Cuando interrumpo esa dosis de ficción y ensimismamiento (para algunos es Dios y para mí son el Dormonid y el Clonazepán), sobrevienen las náuseas, el caos, el desamparo, la brutalidad de unos días y unas noches que no tienen compasión y me reducen a escombros, a la envenenada que se quiere morir.
Así pues, sólo me queda decir que si en algún momento de sus vidas tienen la mala suerte de cruzarse en mi destino y por cosas de los astros caigo agonizante en el frío suelo de estas espantosas y grises calles; agonizante de vida y dolor, por favor cúbranme con un periódico, gracias.