Adicta a cuanta pastilla pueda tomar, inquieta y descontenta por estar aquí y con impaciencia o ilusión por estar allá, soy la chica que siempre quiere estar donde no puede estar.
No sé si es mi espíritu o mi memoria o la borrosa identidad de lo que soy. Mis recuerdos se encuentran extraviados en ciudades antiguas, en algún punto suspendido en el aire, a miles de kilómetros lejos de la razón y el sentido común. Esto no me hace una mejor persona, sino que al contrario, me convierte con seguridad en una peor persona y pone en áspero entredicho mi condición de persona a secas.
Así que, como siempre he de encontrar una "solución" a los azares maliciosos del destino y mi distorsionada vida; para mantenerme en pie y cumplir los insanos compromisos de un día a día, estoy de nuevo enganchada a todas las drogas felices, durmiendo a penas un par de horas en un lugar y luego en otro. No es el vicio sino la desesperación.
Pero no hay sorpresa alguna, digo desde hace ya un buen tiempo he necesitado algún narcótico para evadir la realidad y descansar de lo que soy. Cuando interrumpo esa dosis de ficción y ensimismamiento (para algunos es Dios y para mí son el Dormonid y el Clonazepán), sobrevienen las náuseas, el caos, el desamparo, la brutalidad de unos días y unas noches que no tienen compasión y me reducen a escombros, a la envenenada que se quiere morir.
Así pues, sólo me queda decir que si en algún momento de sus vidas tienen la mala suerte de cruzarse en mi destino y por cosas de los astros caigo agonizante en el frío suelo de estas espantosas y grises calles; agonizante de vida y dolor, por favor cúbranme con un periódico, gracias.
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